Jonas Ekberg: de la liga de oficina al ranking nacional a los cuarenta
El ingeniero de Malmö cogió una pala a los treinta y cuatro. Seis años después está en el ranking nacional y viaja a entrenar cada invierno. Así lo hizo.
Resumen
Jonas Ekberg jugó su primer partido de pádel en una liga de oficina en Malmö a los treinta y cuatro años. Nunca había jugado al tenis ni al squash, y se describe a sí mismo como "un ciclista razonablemente en forma sin ninguna coordinación mano-ojo". Seis años después está entre los doscientos primeros del ranking nacional de Suecia y pasa dos semanas cada invierno entrenando en España. Hablamos con él en su club de siempre, un almacén reconvertido cerca del puerto.
Cómo empezó todo
¿Qué hizo que siguieras jugando después de aquel primer partido de oficina?
Sinceramente, era malísimo, y eso me fastidiaba. Soy ingeniero. Me gustan los sistemas, y el pádel es muy sistemático cuando lo entiendes. Después de unas semanas me di cuenta de que los jugadores que me ganaban no eran más fuertes ni más rápidos. Simplemente estaban en el sitio adecuado. Eso me pareció un problema que podía resolver.
¿Qué cambiaste primero?
La posición. Vi horas de vídeo y dibujé esquemas de dónde se colocaban los jugadores. Luego encontré un entrenador que sabía explicarme el porqué. La mayor parte de mi mejora en los dos primeros años vino de entender dónde tenía que estar, no de pegar mejor a la pelota.
Estructura y práctica
¿Cómo entrenabas trabajando a jornada completa?
Tres sesiones a la semana, nunca más. Una con entrenador, un partido contra jugadores mejores y una sesión de práctica con un compañero fijo en la que trabajábamos una sola cosa. Llevaba un cuaderno. Cada mes elegía un golpe en el que trabajar, y no pasaba al siguiente hasta que el primero era fiable.
¿Cuál fue el golpe más difícil de aprender?
La víbora. Me llevó casi un año. Todavía fallo más de lo que me gustaría. Pero la bandeja fue la más importante. En cuanto tuve una bandeja fiable, mis resultados mejoraron de inmediato, porque podía quedarme en la red contra buenos jugadores.
Viajar para entrenar
¿Por qué vas a España cada invierno?
Por dos razones. La primera, la luz. En Malmö en enero es de noche a las cuatro de la tarde, y jugamos bajo techo todo el invierno. Jugar al aire libre con sol es otro juego: el viento, la luz, la pelota. Te hace adaptable. La segunda, el nivel. En España puedo jugar cada día contra jugadores de club muy buenos. Son pacientes y lanzan unos globos preciosos, que es justo lo que necesito practicar.
¿Cómo es un viaje de entrenamiento típico?
Diez días. Dos sesiones con entrenador al día durante la primera semana, y después partidos. Siempre reservo una sesión de fisio a mitad de viaje, porque a mi edad el cuerpo necesita un poco de ayuda. Y me tomo un día entero de descanso, algo a lo que me resistí durante años y que ahora entiendo que es esencial.
Consejos para quien empieza tarde
¿Qué le dirías a alguien que empieza a jugar al pádel a los treinta o a los cuarenta?
Empieza con un entrenador, no con amigos. Los amigos te enseñan malos hábitos. Aprende pronto las paredes, porque ahí está el juego. Y ten paciencia con tu cuerpo. En mi segundo año me lesioné un gemelo porque jugaba cinco veces por semana. Ahora juego menos y mejoro más.
¿Tienes algún objetivo?
Estar entre los cien primeros de Suecia antes de cumplir los cuarenta y cinco. Y ganar a mi antiguo equipo de la liga de oficina, que sigue jugando todos los jueves. Todavía no me toman en serio, lo cual es muy útil.